lunes, 26 de abril de 2010

"Felicidad" (Cuento largo)

La sonrisa de oreja a oreja es inversamente proporcional a las heridas del alma...

No soy matematico, tampoco poeta, pero si lo fuese haría lo posible para que esa frase sonara bien.

¿Que es ser feliz? Pasé tres cuartos de mi vida preguntándomelo. La naturaleza consumista del ser humano dificulta y hace nulo este concepto. La felicidad es un saco sin fondo, más infinita que el espacio...

Aunque esto es discutible ya que el espacio está "En expansión".. ¿Tendrá algún límite la felicidad?

Gasté gran parte de mi fortuna tratando de averiguarlo. Con ayuda de mi esposa, criamos al niño (podríamos decir) más feliz del mundo en nuestra amplia mansión. No sólo porque tenía todo lo material que quería, también tenía buenas relaciones sociales. Escogimos con pinza a sus amigos para que pudiesen ser confiables, honestos y darle un buen ejemplo. Lo aislamos del mundo completamente. No tenía para que saber qué era un asesinato, una violación, un robo, la envidia, el odio... Podríamos decir que tenía todo lo que cualquier ser humano necesitaba para su cuerpo y alma. Todo controlado por mi esposa y yo desde el quinto piso de nuestra morada, el único lugar imperfecto de la casa.

El problema vino cuando Albertito cumplió quince.

-Papá... ¿Hay vida mas allá de esta casa?
-¿Por qué preguntas eso?
-Es que Juan me dijo que te oyó a ti hablar sobre... un mundo, "otro mundo"... algo que no está acá...
-No Albertito, no existe más universo que el que tu conoces... Mas allá no hay nada...
-Aaah... Gracias papá...

Obviamente hice desaparecer a Juan de la manera más cuerda posible: Matándolo.

-Papá... ¿Qué pasó con Juan?
-Ah... Juan... Él vive en el quinto piso ahora...
-Papá... podré ir algún día al quinto piso?
-No es necesario Albertito... En el quinto piso no hay nada.
-¿Nada?
-Exacto, nada...
-¿Y qué significa que no haya nada?
-Que... argh, Alberto, no volveremos a hablar de este tema más, de acuerdo?
-Pero yo solo... bueno papá...

No podía comprender la curiosidad exacerbada de mi hijo, si en teoría no tiene nada de que preocuparse. Desde ese día, dejó de jugar con sus juguetes y de hablar con sus amigos. Empezó a encerrarse en su habitación a escribir...

Desde luego no podía dejar ningún comportamiento de Albertito sin mi cuidado, así que mientras dormía fui a leer sus escritos.

Eran poemas, cuentos... muchas manifestaciones literarias. Especulaciones sobre lo que habría afuera... Desde otro universo igual a el que vive hasta un lugar lleno de monstruos. No pude comprender de donde sacó el concepto de monstruos, cuando le pregunté, el me respondió...

-Son cosas feas que sólo he visto en pesadillas... Ojalá no existan.

No había pensado en que hasta ese momento me era imposible controlar su pensamiento. Gasté la otra mitad de mi fortuna en un aparato capaz de "formatear" cual disco duro un cerebro humano. Eliminé de la mente de Albertito la curiosidad y el miedo.

Desde ese día dejo de escribir y de preguntarme cosas incomodas, eso me alegró... pero también dejó de jugar, reir, dormir, comer y hablar... se quedó quieto en un rincón de su mundo feliz...

Revisé si habría sido algun problema del "Formateo", pero nada, el computador hizo lo que le pedí, borró el miedo, la curiosidad y todos esos sentimientos que nos hacen tristes, o por lo menos eso creía yo.

Ahora Alberto vive literalmente conectado a una batería, y sólo hace lo que uno le dice... Alberto es un robot... o peor que eso, ya que depende de otros robots para vivir.

Desde ese día maldigo mi tristeza por saber que es la felicidad y el miedo que me impulsó a encerrar a mi hijo en una burbuja... Pero al mismo tiempo los respeto y venero, porque sin el miedo y la tristeza no sabríamos lo que es ser feliz...

Bueno, de hecho aun no lo sabemos, y agradezco no saberlo porque sé que el conocimiento siempre traera más y más sufrimiento...

Pero ese no es mi problema más grande. El problema vino cuando nació Eustaquio.

Eustaquio fue críado en un ambiente normal sólo porque el dinero que me quedaba apenas alcanzaba para que viviésemos los 3 (Ya les dije que me había deshecho de Alberto?)

Eustaquio era un ser excepcional, muy inteligente y perspicaz. El único problema era que su personalidad no estaba muy bien desarrollada. Era muy tímido con las mujeres de su barrio.

Un día conoció a Tremebunda, la chica más linda del pueblo. Él le contó a mi esposa que pasar un rato con ella le hacía ser feliz, sacando a flote de nuevo el tema de la felicidad que yo había dejado de investigar por tiempo y decepciones, traté de ahondar más en el asunto.

No comprendo mucho el concepto de ser feliz a causa de una mujer, ya que mi matrimonio fue arreglado desde que eramos muy chicos y no siento por Elvira más que un profundo sentimiento de respeto. Así que este tema me parecía doblemente interesante.

Me quedaba escondido tras unos arbustos a ver como Tremebunda se acercaba a Eustaquio despues de clases e iban al parque a conversar. Anotaba cada comportamiento raro de parte de ambos. En primer lugar, si no fuese por el factor físico no pudiese haber reconocido a mi hijo. Su personalidad había cambiado considerablemente. Ahora era un hombre más confiado al hablar, y se rió en 30 minutos mucho más de lo que lo oí reirse en la vida. Este concepto del amor me pareció raro.

Le pregunté a mi esposa si sabía lo que era el amor. Me dijo que antes de que nuestro matrimonio fuese acordado, ella había sentido "un cosquilleo raro" por un vecino que vivía cerca de su casa, pero no sabía si era amor o tal vez algún mal del estómago justo en ese tiempo.

Le pregunté a Eustaquio si se había sentido mal del estómago, lo que me contestó con un no rotundo.

A Eustaquio también le pico el bicho de la escritura, empezó a escribir poemas, poemas dedicados a una mujer. Nunca especificaba el nombre pero deduzco que eran para Tremebunda.

Pasaron los meses y no veía mucho cambio en el nuevo comportamiento de mi hijo, hasta que una fría y lluviosa tarde de Agosto, la conversación habitual entre los dos individuos terminó de una manera peculiar. No se despidieron con el habitual beso en la mejilla y se alejaron en sentidos opuestos, aun cuando son vecinos. Con las cámaras que aún quedaban del experimento de Albertito. Lo encontré llorando reiteradas veces.

El no sabía que yo sabía de sus juntas con Tremebunda. Así que fue Elvira la escogida para enterarse primero de la ruptura en su relación con la mujer de sus sueños.

Me pareció interesante como una felicidad tan intensa como la que sentía mi hijo gracias al amor derivó una desgracia tan grande como su suicidio.

Pensaba según mis investigaciones que el amor no es más que el sentimiento recíproco de pertenencia de un ser hacia otro, y al momento de perderlo, es como cuando se te rompe un juguete que te gustaba mucho. Pero el acto de quitarse la vida de mi hijo me ha revuelto la cabeza hasta hoy.

Nunca entenderé la felicidad, nunca entenderé el amor, nunca entenderé los sentimientos. Al parecer son cualidades innatas del ser humano que nos definen como personas y cuyos conceptos nunca llegarán a un consenso. Lo que es de mi, mientras tanto voy a terminar mi testamento, aunque no tenga familia ni hijos a quien heredarles lo poco y nada que quede teniendo.

2 comentarios:

  1. o_o
    dos palabras: demasiado bueno

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  2. ondaa... leiste el diario de vida de mi viejo o qe xDD
    me gusto mucho... curiosa forma de ver las cosas (;

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