jueves, 13 de diciembre de 2012

I. El cuerpo

  Abre la puerta, camina, se aleja de su oficina, avanza por el corredor y llega a la oficina del Presidente. Damián Valenzuela era la mano derecha del Presidente de la República, aunque no compartía la formación académica, ni los mismos intereses, ni siquiera compartía completamente su idiología, si compartía una historia en común que venía desde la infancia, desde su nacimiento. Damián y el Presidente vivieron en un conventillo en aquellos tiempos que la gente recuerda como los de la cuestión social, pero más que eso era el tiempo de la hambruna, las drogas, la calle, el libertinaje, la soledad y la pena. Sus padres llegaron a la capital siguiendo un sueño de cambio, eran un par de parejas jóvenes y soñadoras, bordeando los 25 años y recién casados, con todas las ganas de trabajar, de surgir, de cambiar el rumbo de su familia campestre, pero todo lo que encontraron fue la perdición de sus vidas y de sus cabezas. Cuando el Presidente, en ese tiempo un simple niño, y Damián cumplieron 5 años, sus padres se suicidaron en una especia de ritual demoníaco, dejando a sus hijos solos en un mundo cruel, en ese momento el Destino escribió que aquél niño amigo de Damián se convertiría en Presidente a como de lugar. Así fue, a como de lugar.
  Ya eran las dos de la tarde y Damián estaba en su hora de almuerzo haciendo lo habitual, comiendo en el café del frente una hamburguesa plástica y unas papas fritas sin sal, pero sin quejarse, se había prometido no hacerlo, tener aquello después de vivir en la miseria era una bendición, todo gracias a su amigo. Damián sabía que le debía la vida y su futuro, por eso no cuestionaba las decisiones del Presidente.
  Ya eran las 3.00, hora de volver al trabajo, Damián emprendió el viaje por el lado de la Plaza, protegiéndose de los rayos del Sol y persignándose al pasar al frente de la Catedral. Le gustaba que el edificio de Gobierno haya cambiado de lugar, la palidez del anterior le parecía de cementerio y le recordaba tiempos pasados de dureza y tristeza. Siempre en este momento se tomaba el tiempo de mirar al vacío y recordar su pasado, sus orígenes, mirar al cielo y ver el azul eterno al que no le importaba un pepino su sufrimiento, pero que era el único en el cual podía confiar, el cielo le daba la confianza de estar ahí siempre, era el único constante en su vida, el cielo y el Presidente. Pero ese día el cielo tuvo un movimiento fugaz, se tiñó de rojo, fue el escenario de un viaje monumental interrumpiendo la reflexión de Damián. Del alto de la Catedral un cuerpo cayó al vacío, con paz, sin gritos, con serenidad, golpeando con toda su fuerza el cemento y desparramando sus órganos en el piso. Damián no lo sabía, pero el cuerpo aquél estaba muerto mucho antes de caer, y era el signo de que la misma Muerte lo acompañaba durante toda su vida. El cuerpo y la explosión que sucedió dos horas después cambiaron su vida.

domingo, 14 de octubre de 2012

Esperando la sombra


Mira las raices
que quedaron
debajo del arbol
que plantaste
Ya no son lo mismo
son más grandes
Mira que es del árbol
que plantaste.

Observa su tallo
verde y contorneado
lleno de vestigios
cicatrices bellas
de ramas innatas
y fantasmas

Admira sus hojas
llenas de promesas
y semillas nuevas
pequeñas y tiernas
cumbre de esperanzas
vida y danza.

Mira las raices
que quedaron
donde había árbol
hay desastre
¿No sientes lo mismo?
huellas grandes
Destrozando el árbol
que plantaste.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Las gotas en la taza de café

    Esto es lo más importante en la rutina del día, se puede olvidar el trabajo, los estudios, incluso vestirse, pero la taza de café nunca se puede olvidar, y hay que tratar de tomar tantas tazas de café al día como se pueda. El elixir de la viveza y la lucidez más lograda de la época llegan con esta agua más o menos negra, por eso nunca dejo que me interrumpan en el ritual de preparar mi café, pues claro está, si el café importa, su preparación debe ser lo más respetado que debe existir. Tan importante es que la mayoría de las veces que me ofrecen un café, debo (y soy enfático en esto, debo) prepararlo yo mismo, siempre se consigue una excusa para ellos, "no te molestes, yo lo hago", "yo sirvo para todos", "me gusta hacerlo por el aroma", etc., siempre va a haber una excusa que pueda llevarme al apogeo del día. Recuerdo que el primer día de mi nuevo trabajo me sucedió algo que aún me altera, una situación preparada por el mismo demonio.
    No recuerdo que día era, ni cuanto marcaba el termómetro, ni cómo había llegado al trabajo, sólo recuerdo que estuve en una exposición de cinco largas horas, todas y cada una de ellas sin poder preparar mi café, y, de hecho, fue aquí donde me di cuenta de la real importancia del ritual previo porque café había, y por montones, las secretarias lo traían cada 15 minutos, pero yo aún seguía inquieto, no sabía el porqué en ese momento, se supone que estaba tomando lo que deseaba, debería estar satisfecho, pero no... tomaba y tomaba y no me pasaba nada, no hacía el efecto esperado, me desesperé tanto que no puse atención a la reunión, llegué a sudar pensando en cuánto quedaba para salir de esa sala e ir a hacer mi propio café... los números pasaban y pasaban, corrían, volaban, nada se quedaba, debía ser lo típico de marketing, números, ventas, compras, gente, música ambiental propicia, productos de menor costo, vender más, producir más, generar más, cobrar más, despedir, contratar, despedir, despedir, despedir, siempre se habla mucho de despedir gente, personal, aminorar costo, como si eso importara cuando falta el café.
    Apenas terminó la reunión corrí, fui donde estaba mi típico tazón, puse una cucharada de un café que había perdido su aroma, no estaba seguro si tendría siquiera sabor, pero no importaba, me llenaba hacerlo, me excitaba la idea de estar pronto con mi café, no, no era estar con el café, no era tomarlo, era prepararlo, y no era un ritual para un dios, era una catarsis para mí, los granos de café caían, la gente escribía en sus computadores, se movía con papeles, hablaba y callaba, y los granos caían y caían, y por cada grano era como si todos los espíritus se hicieran presentes para ver lo que seguía, para ver cómo mi mano se dirigía al endulzante, cómo se movía en el aire para atraparlo, cómo giraba la tapa, cómo ladeaba el envase, y en este exacto punto fue cuando todas las almas de la gente pérdida junto con los ángeles comenzaron a acercarse cada vez más, comenzaron a brillar en la oficina, se comenzaron a fusionar y empezaron a gritar, y cantar, y hablar y acompañar... pero luego, mediante ladeaba cada vez más el envase, se iban callando, el ambiente se llenaba de suspenso, el aire era tenso, cualquier cosa podría pasar, mi corazón saltaba, casi explotando, mi mente ya se había escapado, no sabía donde estaba, no importaba nada, no existía nada, nada más que esa primera gota cayendo de la punta del frasco de endulzante, cayendo y surcando el espacio, convirtiéndolo en vacío, deteniendo el tiempo, acallando a los espíritus, sólo para llegar a bañarse en el agua de la taza, momento en que todas las ánimas saltaron y giraron juntas en un remolino de placer y felicidad, escapando de todo, y llegando a todo, el mundo estaba sincronizado con su ser interior, los dioses rogaron por ver otra gota caer, y así fue, una gota tras otra en un himno al vacío, pero al todo en realidad, y caía la tercera, y la cuarta, y caían y caían, todo había dejado de existir, pero, paradójicamente, con cada gota todo existía más aun, hasta la gota 25, la última gota, con la cual volví a la oficina... me habría quedado ido mucho tiempo más si no fuera por el estúpido y su comentario "parece que nos gusta lo dulce, ¿no?, jeje"... imbécil, de ahí mi día siguió normal, hasta el café siguiente, con eso aprendí a poder servirme hasta 30 gotas sin que me interrumpan, la clave está en tomar un café cargado, no menos de 5 cucharadas, así se justifican las 30 gotas, y los 30 placeres infinitos... delicia... escape... ahora escapo, me despido, mi café me espera.

viernes, 24 de agosto de 2012

¿Es tan absurdo lo absurdo?

¿Qué sé yo de lo absurdo? Sólo sé que es absurdo, por algo lo llaman así... pero ¿llega a ser tan así? ¿es tan absurda la vida? ¿es tan absurdo que la vida misma sea absurda?... mientras crecía iba asimilando este concepto, el creer que la idiotez, el sinsentido, la irracionalidad eran sombras intrínsecas de la vida racional actual... qué paradoja ¿no?... pero, luego de mi acelerado crecimiento (crezco 7 años en 1 año), me pregunto el título de esto porque llega hasta mis entrañas el dolor del mundo que no encuentra el sentido y que no es capaz de tolerar lo absurdo, que cree que todo debe tener necesariamente un fin, un objetivo, un camino... ¿importa realmente esto? o, más allá, ¿sabremos siquiera reconocer el sentido de la vida misma si es que ésta lo tiene?... ¿para qué los hombres buscan tanto sentido si entre sus bases está el romperle la mano al destino y a lo impuesto?, el hombre no es sumiso, no esperó a que la naturaleza le diera alas para atravesar el Atlántico, construyó barcos, construyó aviones... el hombre no espera a que el Sol salga cada día para vivir, genera electricidad para vivir el día y la noche... el hombre no espera pacientemente en la selva a que pase un cerdo de mínimo tamaño para atraparlo y llevarlo a su casa, sino que compra la carne asada en un supermercado. El hombre no es sumiso, dentro de sus características más valiosa está el no ser sumiso, dentro de sus cualidades más grandes está el poder valerse de si mismo para generar su propia realidad... considerando esto ¿es tan absurdo que la vida sea un absurdo sinsentido? ¿serviría tener un camino que seguir y un lugar a donde llegar si probablemente degeneremos ese camino convirtiéndolo en miles de ríos, ni siquiera caminos como los originales, que no confluyen en ningún punto más que en la muerte, y aún aquí, en la muerte, las almas se separan y quedan viviendo en distintas mentes de cada persona sin conocer siquiera a la que murió dos cuadras mas allá. Me pregunto y sigo preguntando si no es simplemente una pérdida de tiempo tratar de encontrar tan desesperadamente algo que nos guíe para después demostrarnos nuestra superioridad y quemar la guía... la vida quizá no tenga caminos nítidos, o quizá sí, mas creo tener claro que la existencia o ausencia de él no es determinante para vivir la vida, ya que la vivencia de ella no es una opción, sino una obligación... pero bueno qué sabré yo, al fin y al cabo soy sólo un perro.